Caí a este cielo de barrotes, importa poco porqué o por cuánto.
Estoy acá y acá me toca, ahora me duermo con los ojos clavados en las paredes, tapizados de manchas marrones,  de escritos viejos, de ruegos
olvidados.
No cuento los días, pero las horas se me clavan en las sienes.
Soy uno más, atrapado entre el terror y soñando con un cielo sin barrotes.

Texto Alejandra Castillo.
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
 
Volver a historias