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Caí
a este cielo de barrotes, importa poco porqué o por cuánto.
Estoy acá y acá me toca, ahora me duermo con los ojos
clavados en las paredes, tapizados de manchas marrones, de
escritos viejos, de ruegos olvidados.
No
cuento los días, pero las horas se me clavan en las sienes.
Soy
uno más, atrapado entre el terror y soñando con un
cielo sin barrotes.
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